Sentirse bien con uno mismo no significa necesariamente aceptarse como una persona completa. La autoestima generalmente se refiere a una evaluación positiva del propio valor, mientras que la Autoaceptación implica reconocer las fortalezas, debilidades y emociones sin hacer que el valor personal dependa del éxito o de la aprobación.

La distinción puede ayudar a explicar por qué alguien que parece tener confianza puede verse profundamente afectado por un revés. Las investigaciones citadas en el artículo indican que una autoestima más alta está asociada con una menor Depresión y ansiedad posteriores. Otros hallazgos sugieren que la autoaceptación incondicional está vinculada con una menor ansiedad, mejores estados de ánimo después de los reveses y menos narcisismo, incluso cuando se tiene en cuenta la autoestima.

El psicólogo Albert Ellis describió la autoaceptación incondicional como aceptarse a uno mismo sin vincular el valor personal con los logros, los fracasos, las imperfecciones o las opiniones de otras personas. La autoestima y esta forma de aceptación pueden superponerse, pero podrían favorecer la salud psicológica a través de vías diferentes.

Un marco útil presenta las dos cualidades como dimensiones separadas. Alguien con alta autoestima y alta autoaceptación puede sentirse arraigado. Una persona con baja autoestima pero alta autoaceptación puede verse negativamente y, aun así, aceptarse como persona. Alguien con niveles bajos en ambas puede ser muy autocrítico. La combinación más frágil es una alta autoestima con baja autoaceptación incondicional.

Este patrón puede surgir cuando la autoestima depende de un área específica de la vida, como las relaciones, la apariencia o la carrera profesional. También puede desarrollarse cuando el sentido del propio valor está condicionado a la aprobación o los logros. En esa situación, una ruptura, un fracaso profesional u otro revés puede sentirse como una prueba de que la persona carece de valor, en lugar de percibirse como un acontecimiento difícil. La confianza puede seguir siendo visible desde fuera, pero la autoestima subyacente es vulnerable porque se encuentra constantemente amenazada.

El artículo sostiene que desarrollar una autoaceptación incondicional puede ser un punto de partida más manejable que intentar aumentar directamente la autoestima. Una persona que cree que sus experiencias aportan pruebas contundentes en su contra puede necesitar tiempo para cambiar esa evaluación. Aceptar las imperfecciones, las debilidades y los fracasos puede proporcionar una base alternativa mientras ese proceso se desarrolla.

La autoaceptación también puede ofrecer estabilidad a medida que cambian las circunstancias. Las carreras profesionales, la apariencia y las relaciones pueden transformarse, mientras que la aceptación incondicional proporciona un punto de referencia que no depende de conservar una única fuente de éxito. Incluso puede hacer que mejorar resulte menos amenazante: cuando el fracaso no determina el valor de una persona, perseguir un objetivo puede sentirse más seguro y los reveses pueden ser más fáciles de tolerar.

Las prácticas sugeridas incluyen identificar las condiciones asociadas al propio valor y sustituir las creencias rígidas de tipo «si..., entonces...» por respuestas más equilibradas. Otros enfoques incluyen reconsiderar los objetivos inalcanzables, escribir una carta compasiva para uno mismo y compartir una dificultad oculta con una persona de confianza que pueda responder con aceptación.

El artículo también recomienda usar «y» en lugar de «pero» en el diálogo interno; por ejemplo, reconocer la decepción y, al mismo tiempo, afirmar la intención de tratarse a uno mismo con decencia. Un mantra personal centrado en ser humano, imperfecto y completo puede reforzar la misma idea.

Por último, la autoaceptación incondicional no exige sentirse agradecido en todo momento. La tristeza, la ansiedad, la frustración y la ira pueden reconocerse sin convertirse en razones adicionales para juzgarse. Aceptar una emoción no significa permanecer en ella; crea espacio para responderle con honestidad.

Fuentes: Psychology Today.