Un excomisionado adjunto del Departamento de Salud de la ciudad de Nueva York afirma que una reunión en 2013 con Elizabeth Holmes y su equipo de Theranos mostró cómo la seguridad y las conexiones influyentes pueden hacer que incluso profesionales con conocimientos pongan en duda su propio criterio.
El funcionario, que supervisaba los programas de enfermedades infecciosas y el laboratorio de salud pública de la ciudad, participó en una videollamada de una hora con Holmes, sus colegas y el director del laboratorio. Los representantes de Theranos dijeron que la empresa había desarrollado una forma de realizar análisis de sangre con muestras pequeñas, lo que reducía los costos en un 30 por ciento. También afirmaron que se había validado una amplia variedad de pruebas, que se habían completado las aprobaciones regulatorias, que la empresa tenía un contrato con el Departamento de Defensa y que pronto comenzarían las pruebas en farmacias Walgreens de Nueva York.
Cuando se les pidió la evidencia científica y los datos que respaldaban esas afirmaciones, el equipo respondió que no podía revelar secretos comerciales, pero aseguró a los funcionarios que la tecnología funcionaba y había sido aprobada. El exfuncionario dice que las afirmaciones no concordaban con lo que sus dos colegas de salud pública sabían sobre la recolección de muestras, la validación de pruebas y las aprobaciones regulatorias. Aun así, la seguridad de Holmes y el prestigio de los inversores y contactos de Theranos los llevaron a preguntarse si ella sabía algo que ellos ignoraban.
Los funcionarios se ofrecieron a evaluar el dispositivo en su laboratorio antes de que se utilizara de manera más amplia, pero ninguna de las partes volvió a ponerse en contacto. Después de que The Wall Street Journal publicara su primera investigación sobre Theranos en octubre de 2015, los dos colegas coincidieron en que sus dudas estaban justificadas. El autor escribe que la mayoría de las cosas que Holmes había dicho en la reunión eran falsas.
Al reflexionar sobre aquel encuentro, el exfuncionario advierte que no se debe confundir la seguridad con la competencia. Es posible que la gente confíe especialmente en afirmaciones seguras cuando comprobarlas resulta difícil o costoso. El autor también describe el «efecto halo»: la credibilidad en un ámbito puede llevar a suponer que alguien tiene experiencia en otro. Según el autor, los antecedentes prestigiosos de los financiadores y los miembros de la junta directiva de Theranos contribuyeron a que se diera por hecho que habían evaluado adecuadamente la tecnología, pese a que carecían de experiencia en medicina de laboratorio.
La atención médica exige que las personas dependan de los conocimientos de otros. Los médicos confían en que los radiólogos interpreten las imágenes y en que el personal de laboratorio realice correctamente las pruebas; los pacientes, la mayoría de los cuales no son expertos médicos, deben tomar decisiones similares con aún menos conocimientos especializados. El autor señala que se producen errores médicos y que los conocimientos aceptados pueden cambiar con el tiempo, por lo que anima a los pacientes a hacer preguntas y buscar segundas opiniones cuando se trate de decisiones importantes.
Para evaluar afirmaciones sobre salud, el autor sugiere considerar si la persona tiene experiencia pertinente, en vez de confiar en su fama o sus credenciales empresariales. También vale la pena preguntar qué pruebas respaldan una recomendación, si concuerda con las directrices de los expertos y si organismos independientes u organizaciones profesionales la han revisado. Los expertos que pueden fundamentar sus afirmaciones deberían poder explicar su razonamiento o remitir a estudios y recomendaciones publicadas.
El autor concluye que las instituciones de salud necesitan acceso a métodos y datos para evaluar si los tratamientos y otras intervenciones son seguros y eficaces. Cuando alguien pide que confíen en su palabra, pero no aporta pruebas, las personas deberían considerar la posibilidad de guiarse por su propio criterio informado o de buscar otra opinión.
Fuentes: Psychology Today.
