Natalia estaba dando clases en su escuela de Kyiv cuando la madre de una estudiante comenzó a gritarle. La confrontación desencadenó recuerdos de las salas de interrogatorio donde sus captores rusos le gritaban y le exigían que confesara ser una espía.

Durante una sesión posterior de orientación por Zoom con el psicoterapeuta ucraniano-estadounidense Viktor Dlugunovych, Natalia dijo que el encuentro le hizo sentir como si hubiera caído en un pozo de miedo. Sin embargo, pudo hacer una pausa, cerrar los ojos, recordarse que había sobrevivido al cautiverio y recuperar el control de la situación. Luego le dijo tranquilamente a la mujer que debían continuar la conversación en la oficina del director.

El incidente llevó a Natalia a preguntarse si se había recuperado y cómo podía reconocer la recuperación. Dlugunovych explicó que el sufrimiento y el progreso no son mutuamente excluyentes. Aunque el flashback fue doloroso, Natalia logró tomar distancia de él, establecer un límite y elegir una respuesta deliberada.

Natalia, profesora de matemáticas y física con 35 años de experiencia en el aula, pasó 10 meses en cautiverio durante la ocupación rusa. Describió interrogatorios repetidos, privación del sueño, hambre, falta de medicación para la presión arterial alta y abusos verbales constantes.

Su identidad profesional también la ayudó a soportar los interrogatorios. Natalia dijo que su autoridad como maestra pareció influir en los jóvenes que la interrogaban, quienes comenzaron a tratarla con cierto respeto. Sintió que la dinámica cambió cuando empezó a hacer preguntas como lo haría una maestra, en lugar de permanecer únicamente como la persona interrogada.

De vuelta en Ucrania y enseñando nuevamente, Natalia dice que sus estudiantes le dan fuerza. También planea hablar públicamente sobre su experiencia. Al mismo tiempo, sigue experimentando episodios de intenso sufrimiento, incluidos llanto y dificultad para respirar, incluso cuando se siente mentalmente serena.

Por lo tanto, su regreso al trabajo no significa que el proceso de sanación haya terminado. Dlugunovych la animó a observar no solo si el sufrimiento ha desaparecido, sino también cómo responde a los momentos difíciles. En la confrontación en el aula, Natalia reconoció que había reaccionado de manera más deliberada y eficaz de lo que quizá habría podido hacerlo inmediatamente después de regresar del cautiverio.

Continúa tomando los antidepresivos recetados y entiende que poder trabajar o parecer tranquila no elimina la necesidad de atención profesional. Para ella, la recuperación no exige declararse completamente sanada. También puede significar reconocer cambios graduales mientras persisten síntomas dolorosos.

La experiencia de Natalia demuestra que la recuperación puede desarrollarse de manera desigual: la sobreviviente que puede establecer un límite y continuar enseñando también puede verse afectada por flashbacks casi incapacitantes. Ambas realidades pueden existir al mismo tiempo.

Fuentes: Psychology Today.