Una mujer de 37 años con diagnósticos de trastornos de personalidad límite, antisocial, narcisista y paranoide dejó de cumplir los criterios de dos de ellos tras un año de psicoterapia especializada, según un informe de caso publicado en Psychiatry Research Case Reports. Durante el tratamiento, también tomó sustancias psicodélicas por su cuenta, pese a las preocupaciones de sus clínicos sobre su seguridad.
El informe describe reducciones considerables de sus síntomas narcisistas y paranoides, además de mejoras en los síntomas límite, la regulación emocional y la satisfacción social. Dejó de tener crisis suicidas y llegó a considerar que su desconfianza hacia los demás era una respuesta arraigada en el trauma infantil. Sin embargo, la hiperactividad relacionada con su TDAH siguió siendo pronunciada.
La paciente, identificada como la Sra. P, recibió terapia semanal basada en el Manejo Psiquiátrico Adecuado (Good Psychiatric Management), junto con un grupo psicoeducativo para el trastorno de personalidad narcisista. Al principio rechazó la medicación psiquiátrica y les dijo a los clínicos que había empezado a comprar psicodélicos por internet. Como en sus antecedentes familiares había esquizofrenia, el equipo estaba preocupado por la posibilidad de que desarrollara psicosis. Continuaron la terapia mientras hablaban con ella sobre su consumo de drogas y vigilaban la aparición de señales de alerta.
La Sra. P registró su consumo de sustancias, entre ellas trufas de psilocibina, un análogo del LSD, un análogo de la mescalina y MDMA. Su régimen incluía tanto dosis pequeñas repetidas como sesiones con dosis mayores. En una sesión, un error al pesar la sustancia hizo que tomara 600 miligramos de MDMA, aproximadamente cinco veces su dosis habitual. Experimentó taquicardia, ansiedad y problemas de coordinación, pero no buscó atención médica.
Al cabo del año, una evaluación determinó que sus criterios narcisistas habían bajado de cinco a ninguno, y los paranoides, de cuatro a uno. Ya no alcanzaba el umbral diagnóstico para ninguno de esos trastornos. Sus criterios límite disminuyeron de ocho a cinco y los antisociales, de seis a cuatro, pero seguía cumpliendo los criterios para ambos.
Los autores plantean que las experiencias psicodélicas podrían haberla ayudado a avanzar en la terapia, y señalan que algunos avances interpersonales importantes se produjeron después de tomar dosis mayores. La Sra. P dijo que las sustancias la ayudaron a dejar atrás la disociación emocional y avanzar hacia la autocompasión, mientras que atribuyó a la terapia libre de juicios el haberla ayudado a integrar esas experiencias y confiar en los demás.
Sin embargo, el caso no permite establecer que los psicodélicos causaran las mejoras. La Sra. P eligió las sustancias, el momento de consumo y las dosis, y no se analizaron las drogas para confirmar su contenido. El informe tampoco permite separar los posibles efectos de los psicodélicos de los de la psicoterapia, la relación terapéutica o su decisión de dejar de consumir cannabis. Los autores señalan que la terapia especializada por sí sola podría haber producido un progreso similar.
El caso también es inusual: la Sra. P no tomó medicación psiquiátrica durante la mayor parte del período descrito. Los autores advierten que combinar psicodélicos con algunos fármacos psiquiátricos puede provocar emergencias médicas graves. También citan investigaciones sobre seguridad en las que las personas con antecedentes de trastornos de personalidad estuvieron desproporcionadamente representadas entre quienes informaron de un empeoramiento de su salud mental después de consumir psicodélicos.
Los investigadores concluyen que hacen falta más estudios piloto para evaluar si los psicodélicos podrían usarse de forma segura junto con la psicoterapia para tratar los trastornos de personalidad. Subrayan que este caso único constituye evidencia preliminar, no una prueba de que las drogas sean un tratamiento eficaz.
Fuentes: PsyPost.
