Los muros de arenisca del santuario de Taharqa, construido hace unos 2.700 años en Kawa, en lo que hoy es el norte de Sudán, volverán a mostrar sus colores mediante proyecciones digitales en el Museo Ashmolean de Oxford. La exhibición comenzará el 13 de noviembre y sacará a la luz tonalidades que se han desvanecido con el tiempo de las escenas talladas del santuario.
Construido con 236 bloques de arenisca dentro de un templo dedicado a Amón-Ra, el santuario fue encargado por Taharqa, quien gobernó Egipto y Kush desde 690 a. e. c. hasta 664 a. e. c. Sus relieves muestran al faraón haciendo ofrendas a los dioses y ejerciendo su autoridad. Los investigadores creen que las escenas estuvieron originalmente cubiertas de yeso y pintadas, pero cuando los arqueólogos británicos excavaron la estructura en la década de 1930, los relieves estaban en gran parte intactos y parecían carecer de color.
Para estudiar la decoración original, los investigadores utilizaron imágenes infrarrojas e hiperespectrales a fin de encontrar rastros de pigmentos difíciles de observar a simple vista. Entre sus hallazgos figura el azul egipcio, empleado a menudo en representaciones de miembros destacados de la realeza y deidades, así como rastros de amarillo y rojo.
Los relieves también muestran a Taharqa en distintos papeles: como faraón egipcio, con la doble corona del Alto y el Bajo Egipto, y como rey kushita, representado con cabeza de carnero y cobras. Algunas escenas narran los orígenes del santuario, incluida la visita de Taharqa a los restos parcialmente enterrados de un templo anterior y su promesa de restaurarlo.
El Ashmolean describe el santuario como el único edificio faraónico exento de Gran Bretaña. La proyección estará acompañada de dos películas de reciente producción sobre el monumento y su traslado desde Sudán a Inglaterra en la década de 1930. Según los registros del museo, el Gobierno sudanés cedió el santuario a Oxford en reconocimiento al trabajo arqueológico que el egiptólogo Francis Llewellyn Griffith realizó en la región.
El equipo de Griffith desmontó el santuario y lo embaló en 200 cajas de madera, que fueron transportadas en barcaza por el Nilo y luego en tren hasta el mar Rojo, antes del tramo final por mar hasta Inglaterra. La proyección ofrecerá a los visitantes una imagen de la decoración pintada del monumento basada en las pruebas conservadas de los pigmentos.
Fuentes: Smithsonian Magazine.
