El divorcio puede implicar más que el final de una relación. Para algunas mujeres, también altera la identidad que desarrollaron durante el matrimonio, dejándolas inseguras sobre quiénes son fuera del papel de esposa.
El cambio puede manifestarse en el lenguaje cotidiano. Una mujer describió que seguía diciendo «nosotros» al hablar de películas, restaurantes y vacaciones, aunque ya no estaba casada. Después de 27 años de matrimonio, dijo que gran parte de su comportamiento e identidad seguía vinculada a ser esposa.
La etiqueta «exesposa» también puede resultar emocionalmente difícil. Puede parecer que conlleva suposiciones sobre por qué terminó un matrimonio, especialmente para las mujeres que se sienten abandonadas en lugar de considerar que la separación fue mutua. Al mismo tiempo, alguien de quien antes dependían otras personas puede tener dificultades para convertirse en una madre soltera que ahora necesita apoyo.
Seguir adelante puede crear otro conflicto. Una mujer puede sentir que reconstruir su vida significa aceptar el dolor causado por su exmarido o no honrar lo ocurrido. Sin embargo, la creencia de que ser exesposa es vergonzoso o, de algún modo, inferior es una creencia, no un hecho establecido.
Las pérdidas que rodean al divorcio pueden ser considerables e incluir a una pareja, un hogar, seguridad financiera, esperanzas para el futuro y preocupaciones por los hijos. Esas pérdidas requieren un duelo, pero no necesariamente significan perder la creencia de que la propia vida sigue siendo significativa y valiosa.
La autocompasión puede ayudar durante esta transición. El enfoque asociado con la psicóloga Kristin Neff hace hincapié en reconocer el sufrimiento, recordar que el sufrimiento forma parte de la vida humana y responderse a una misma con amabilidad. Estos principios animan a las mujeres a evitar culparse por el final del matrimonio mientras procesan el arrepentimiento y la tristeza.
El divorcio puede representar la muerte de un futuro que se esperaba, pero castigarse a una misma no cura esa pérdida. La aceptación serena y el cuidado de una misma pueden crear espacio para que surja una nueva identidad, una que con el tiempo quizá llegue a ser significativa por derecho propio.
Fuentes: Psychology Today.