El loris perezoso de Bangka, un primate venenoso documentado oficialmente por última vez por científicos en la década de 1930, aún sobrevive en estado silvestre, según un nuevo estudio publicado en octubre en la revista Spixiana. Los hallazgos se basan en registros de un centro de rescate de fauna silvestre de la isla indonesia de Bangka, donde en su momento se consideró que la especie quizá se había extinguido.

La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza clasificó al loris como una especie en peligro crítico y posiblemente extinta en 2015. Los investigadores responsables del estudio afirman que las nuevas pruebas respaldan una reevaluación formal de ese estatus y la eliminación de la designación «posiblemente extinta».

El Centro de Rescate de Fauna Silvestre Alobi registró más de 90 loris perezosos de Bangka rescatados entre 2015 y 2025; 86 fueron liberados posteriormente. Los animales fueron hallados en lugares como viviendas, jardines, carreteras y plantaciones de palma aceitera. Algunos fueron rescatados de situaciones de cautiverio o del tráfico de fauna silvestre, mientras que otros habían sufrido lesiones por quemaduras eléctricas, cercas o perros. Desde 2021, el centro ha rescatado a 43 loris en distintos lugares de la isla, incluida su ciudad más grande, Pangkalpinang.

La especie nocturna es originaria de Bangka y del suroeste de Borneo. Tiene ojos grandes, pelaje marrón rojizo y una mordedura venenosa: el loris combina una secreción de las glándulas de la parte superior de sus brazos con proteínas de la saliva y luego transfiere el veneno a sus dientes delanteros especializados.

Pese a las pruebas de que sigue ampliamente distribuida en Bangka, la especie afronta graves riesgos. Su hábitat forestal se redujo un 62 por ciento entre 2000 y 2012, en gran medida debido a la minería ilegal de estaño y al desmonte de terrenos para plantaciones de palma aceitera. Los asentamientos, las carreteras y las líneas eléctricas también amenazan su hábitat y supervivencia.

Los investigadores recomiendan reforzar la protección de los bosques que quedan, establecer un programa de cría para la conservación, realizar estudios de población y genéticos, y hacer un seguimiento de los animales después de su liberación. Afirman que los registros del centro de rescate ayudaron a revelar que el loris había persistido en estado silvestre pese a décadas sin documentación científica.

Fuentes: Smithsonian Magazine.