La creciente atención a la depresión, la ansiedad y la psicosis posparto puede ocultar un hecho importante: muchos trastornos de salud mental perinatal comienzan durante el embarazo y no después del parto. Estas afecciones suelen agruparse bajo el término Trastornos Perinatales del Estado de Ánimo y de Ansiedad, o PMAD, que abarca los trastornos depresivos, de ansiedad y bipolares durante el embarazo y el año posterior al nacimiento.
Según la información revisada, alrededor de un tercio de los casos de depresión perinatal comienza durante el embarazo. Los síntomas de ansiedad pueden ser incluso más comunes al principio del embarazo: afectan aproximadamente a una cuarta parte de las mujeres embarazadas antes de disminuir al 20 por ciento durante el resto del periodo periparto. El trastorno obsesivo-compulsivo perinatal afecta aproximadamente al 8 por ciento de las mujeres durante el embarazo y a cerca del doble después del parto.
La aparición del trastorno bipolar durante el periodo perinatal es poco frecuente, pero más de la mitad de las mujeres que ya tienen trastorno bipolar experimentan al menos un episodio durante el embarazo o el año posterior al parto. Los síntomas pueden pasar desapercibidos durante semanas o meses cuando las mujeres, sus familiares y los profesionales de la salud no hablan sobre las preocupaciones relacionadas con la salud mental.
Los PMAD leves pueden responder a la psicoterapia individual o grupal, la mejora del sueño, la reducción del estrés y el apoyo social. Los síntomas moderados o graves pueden requerir medicación. La fuente subraya que evitar el tratamiento no es necesariamente más seguro: en Estados Unidos, el suicidio o la sobredosis asociados con los PMAD representan el 20 por ciento de las muertes maternas.
En el caso de los trastornos moderados o graves, los beneficios comunicados de la medicación generalmente superan los riesgos. Las mujeres que toman medicación perinatal presentan tasas similares de aborto espontáneo, defectos congénitos, complicaciones del parto y problemas infantiles a las de las mujeres sin PMAD. En cambio, las afecciones moderadas o graves no tratadas se asocian con tasas más altas de complicaciones, incluidos el parto prematuro, las cesáreas, el bajo peso al nacer y la preeclampsia, así como con problemas de desarrollo y conducta en los niños.
El artículo recomienda pedir asesoramiento a un profesional clínico con experiencia en salud mental perinatal, especialmente en el caso de mujeres con un diagnóstico psiquiátrico previo o que tomaban medicación antes del embarazo. La telesalud puede facilitar el acceso a especialistas cuando las opciones locales son limitadas.
Las decisiones sobre el tratamiento deben individualizarse. Aunque algunos medicamentos, incluidos los ISRS, cuentan con amplios datos sobre su seguridad durante el embarazo, cambiar un tratamiento que ha estabilizado eficazmente a una paciente quizá no siempre sea la mejor opción. Un especialista puede evaluar la evidencia disponible, los antecedentes de la persona y los riesgos de una recaída.
El objetivo es utilizar la dosis eficaz más baja, en lugar de reducir la medicación hasta el punto de que reaparezcan los síntomas. Las necesidades de medicación también pueden cambiar durante el embarazo porque aumenta el volumen sanguíneo y el organismo puede procesar los fármacos con mayor rapidez; en ocasiones se necesitan ajustes de dosis durante el tercer trimestre o antes de este. Las dosis más altas pueden mantenerse después del parto, especialmente durante la lactancia.
Se aconseja a cualquier persona que esté embarazada, considere quedarse embarazada o presente síntomas de ansiedad, depresión o trastorno bipolar que los comente con un profesional de la salud y busque apoyo adecuado lo antes posible.
Fuentes: Psychology Today.