Las personas que experimentan ansiedad pueden interpretar un mensaje que tarda en llegar, la posibilidad de reprobar un examen o una interacción social ambigua como prueba de que algo terrible ha ocurrido o va a ocurrir. Este patrón, conocido como pensamiento catastrófico, consiste en exagerar una amenaza o considerar probables resultados imaginados, según el artículo.

El primer paso sugerido es volver a centrar la atención en el presente. El artículo señala una investigación publicada en Acta Psychologica que indica que la atención plena puede ayudar a contrarrestar la ansiedad y el pensamiento catastrófico. La respiración profunda o diafragmática es otra opción: al concentrarse en la respiración, una persona puede anclarse en el momento, mientras que las investigaciones citadas en el artículo relacionan esta práctica con una disminución de la frecuencia cardíaca y la presión arterial.

Un segundo enfoque consiste en reservar un periodo específico para preocuparse. Programar ese momento puede ayudar a evitar que las inquietudes menores se conviertan en espirales de pensamiento más intensas. Cuando surgen pensamientos ansiosos durante una tarea importante, el artículo sugiere posponerlos hasta el periodo designado y volver a centrar la atención en el presente.

El tercer paso es considerar la terapia cognitivo-conductual (TCC), que se recomienda habitualmente para el pensamiento catastrófico. El artículo describe la TCC como una forma de reconocer patrones poco útiles en los pensamientos y la regulación emocional, y luego utilizar ejercicios personalizados para cuestionar el pensamiento irracional.

Hablar de los pensamientos angustiosos con alguien que pueda ofrecer una perspectiva objetiva, como un terapeuta, un consejero o un ser querido de confianza, también puede ayudar. El artículo señala que el pensamiento catastrófico puede arraigarse más cuando la persona está aislada, y anima a quienes sienten que no pueden manejar sus pensamientos a hablar con alguien.

Fuentes: Psychology Today.