En 1914, un retraso en la línea ferroviaria entre Londres y Liverpool contribuyó a desatar un rumor según el cual las tropas rusas habían desembarcado en Escocia y eran transportadas hacia el sur para reforzar el frente occidental. Los soldados eran imaginarios, pero los relatos sobre su llegada se difundieron ampliamente y ganaron credibilidad mediante informes repetidos y cada vez más detallados.

Según se cuenta, la historia comenzó el 27 de agosto, cuando alguien atribuyó la interrupción ferroviaria a trenes que transportaban a miles de rusos. La supuesta ruta se describió con detalle: cruzar el mar Ártico hasta Noruega, viajar en barco hasta Aberdeen y luego tomar trenes especiales hacia los puertos del canal de la Mancha.

Algunas personas afirmaron haber visto a las tropas en las estaciones, incluidos rusos que se sacudían la nieve de las botas. Otros relatos describían gorros de piel e incluso arcos y flechas. El artículo señala que esos detalles no resistieron el escrutinio, pero las particularidades verosímiles y los testimonios expresados con seguridad ayudaron a que la historia pareciera convincente.

Los relatos también fueron creciendo en escala. Según se dice, un terrateniente escocés afirmó que 125.000 rusos habían cruzado sus tierras, mientras que las cifras del rumor pasaron de los 500.000 iniciales a 70.000 u 80.000. También se incorporaron a la historia sucesos reales: la batalla naval de la bahía de Heligoland se presentó como una maniobra de distracción relacionada con el supuesto desplazamiento de tropas. El artículo también relata que, según algunos informes, la gente de París esperaba que los cosacos defendieran la ciudad y que las fuerzas alemanas reaccionaron ante el temor de una invasión rusa.

El autor sostiene que el estrés de la Primera Guerra Mundial pudo haber llevado a la gente a pasar por alto las debilidades de los relatos. El episodio también muestra cómo las expectativas previas y los testimonios repetidos pueden influir en lo que las personas creen haber presenciado, incluso cuando la historia de fondo es falsa.

El artículo vincula el rumor de 1914 con la actualidad y señala que las mismas vulnerabilidades psicológicas siguen existiendo, mientras que la tecnología moderna permite que la desinformación se propague mucho más rápido. Insta a evaluar con cuidado las pruebas aportadas por testigos presenciales y las pruebas visuales, sobre todo cuando los relatos se comparten y se repiten.

Fuentes: Psychology Today.