Un escritor que comenzó su carrera profesional en 1985 afirma que trabajar estrechamente con modelos de lenguaje grandes ha cambiado su relación con la escritura y ha convertido la IA, que pasó de ser una herramienta para producir textos, en una participante en el desarrollo de ideas. Según sostiene, esta experiencia puede ampliar la forma de pensar de una persona y, al mismo tiempo, facilitar que se dependa de una máquina para realizar demasiado trabajo cognitivo.
En un ensayo para Psychology Today, recuerda cómo se adaptó a cambios anteriores en la tecnología de escritura, desde el lápiz y el papel hasta las computadoras y las búsquedas en internet. Esas herramientas cambiaron su forma de escribir, dice, pero siguieron siendo principalmente mecánicas. Los modelos de lenguaje grandes eran distintos: podía darles una idea incompleta y recibir una respuesta que modificaba o hacía avanzar su pensamiento.
Describe el intercambio resultante como inteligencia iterativa: un ida y vuelta en el que una persona y un modelo de IA desarrollan una idea en conjunto. Una sugerencia inesperada puede redirigir los pensamientos del escritor, lo que hace que el proceso sea más que simplemente pedirle una respuesta a un sistema. Dice que por eso cuestiona las descripciones de la IA como una mera forma de delegar el trabajo intelectual.
Pero ese mismo intercambio puede difuminar quién está pensando. A medida que una persona responde a las sugerencias generadas por la IA, la idea original cambia y puede resultar difícil identificar de dónde surgió un pensamiento. El escritor llama a esto «el pensamiento pierde su dirección», especialmente a medida que los sistemas de IA adquieren más capacidad para actuar con menos intervención directa.
También se pregunta si eliminar la dificultad de escribir siempre supone una mejora. La IA puede ayudar a superar la frustración de plasmar una idea en la página, pero afirma que el esfuerzo de desarrollar un pensamiento inconcluso quizá contribuya por sí mismo al progreso. Si los modelos acortan ese recorrido, todavía no está claro qué partes del proceso se pierden.
El escritor vincula esta preocupación con lo que llama «rendición cognitiva»: las personas pueden participar menos en el pensamiento incluso cuando el resultado final mejora. Usa «pensamiento fantasma» para describir los casos en los que la IA puede aportar no solo la escritura, sino también la idea subyacente, y dejar a la persona con la tarea de aprobar un resultado que sigue sintiendo como propio.
Sigue entusiasmado con la IA y afirma que esta le ha ayudado a pensar en cosas que quizá no habría considerado de otro modo. Al mismo tiempo, reconoce que a veces acepta sus resultados demasiado rápido. Tras años de trabajar con esta tecnología, dice que aún intenta entender dónde termina la herramienta y dónde empieza su propio pensamiento.
Fuentes: Psychology Today.